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Córdoba celebra con fervor la festividad del Beato Álvaro

Cada 19 de febrero, Córdoba recuerda con especial devoción al Beato Álvaro de Córdoba, una de las figuras espirituales más influyentes de su historia religiosa. Aunque fue beatificado en 1714 por el papa Benedicto XIV y no canonizado, el arraigo popular ha hecho que muchos fieles lo sigan llamando “San Álvaro”, reflejo del profundo cariño que despierta su memoria.

Nacido en 1360, Álvaro López de Córdoba y Carrillo fue bautizado en la Iglesia de San Nicolás de la Villa e ingresó muy joven en la Orden de Predicadores. Tras una intensa etapa de formación y predicación —siguiendo el ejemplo de dominicos como San Vicente Ferrer— alcanzó fama de santidad. Fue confesor de la reina Catalina de Lancaster y del rey Juan II, y gracias al apoyo de la Corona fundó en 1423 el convento de Scala Coeli, en la sierra cordobesa.

Desde allí impulsó la práctica del Vía Crucis en el Monte Calvario, considerado el primero realizado en Occidente. Este año, la diócesis ha querido subrayar esa herencia con la celebración del Vía Crucis anual de las Hermandades y Cofradías de Córdoba, con motivo del 600 aniversario de aquella iniciativa que marcaría la espiritualidad popular durante siglos.

Patrón de las Hermandades y Cofradías cordobesas junto a Nuestra Señora de la Fuensanta, su devoción sigue muy viva en la parroquia que lleva su nombre, en el barrio de Poniente, así como en la Hermandad Sacramental de la Sagrada Cena, de la que es cotitular. La comunidad parroquial ha celebrado su festividad con la Eucaristía, una convivencia fraterna y un concierto de marchas procesionales.

Fray Álvaro falleció el 19 de febrero de 1430, pero su legado permanece firme en la tradición religiosa de Córdoba, que cada año renueva su memoria y su ejemplo de vida entregada a la fe.