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La Agrupación celebra un emotivo Vía Crucis presidido por el Santísimo Cristo de la Sangre

La Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba ha celebrado en la tarde del primer sábado de Cuaresma, como marca la tradición, el solemne Vía Crucis oficial de las hermandades agrupadas, que este año ha estado presidido por la sagrada imagen del Santísimo Cristo de la Sangre. El acto ha tenido lugar en la Santa Iglesia Catedral, reuniendo a cientos de fieles en un clima de profundo recogimiento y oración.

El Vía Crucis, uno de los principales hitos de la Cuaresma cordobesa, ha sido presidido por el obispo de la Diócesis, monseñor Jesús Fernández, y se ha enmarcado además en el 50 aniversario fundacional de la Hermandad del Císter, corporación a la que pertenece la venerada imagen. La presencia del Santísimo Cristo de la Sangre en la Catedral ha supuesto un momento histórico y especialmente significativo para la hermandad, que celebra medio siglo de vida al servicio de la Iglesia y de Córdoba.

Las estaciones del rezo, meditadas por Rosa Quero, vocal de Evangelización de la Agrupación, han resonado bajo las bóvedas centenarias del primer templo de la Diócesis, configurando una estampa de sobria solemnidad que prepara espiritualmente a la ciudad para la inminente Semana Santa.

Como es tradición, han participado todas las hermandades agrupadas, precediendo las estaciones las siguientes corporaciones: la Hermandad de los Dolores, la Hermandad de Villaviciosa, la Hermandad de la Paz, la Hermandad de la Expiración, la Hermandad de la Merced, la Hermandad de Ánimas, la Hermandad Universitaria, la Hermandad del Carmen (PN), la Hermandad del Buen Suceso, la Hermandad del Tránsito, la Hermandad de la Santa Faz, la Hermandad de San Rafael, la Hermandad de la Soledad, la Hermandad de Araceli y la Hermandad de la Sangre.

La celebración ha constituido, un año más, un testimonio vivo de fe y devoción compartida, reafirmando la unidad de las cofradías cordobesas en torno al misterio de la Pasión de Cristo y marcando el inicio del itinerario espiritual que culminará en los días grandes de la Semana Santa.